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¿Cómo "nace" el aura?



Cuando nacemos, no tenemos el campo bioenergético completo, pues como parte del proceso de encarnación el aura de los bebés está en plena formación.

El aura humana se forma progresivamente. En los primeros meses de vida predomina una capa azul. Entre 1-3 años aparecen más capas (naranja, amarillo). Hacia los 3-5 años se añaden verde y azul cielo. 

No se trata de un campo energético completamente independiente como en el adulto, sino muy permeable, conectado a los padres (especialmente a la madre) y en fuerte construcción. 

El desarrollo completo de las 7 capas del aura suele ocurrir alrededor de los 5-7 años, coincidiendo con la liberación del cuerpo etérico (la capa de la vitalidad, aura de salud o doble etérico). 

Por eso, durante los primeros años (especialmente los primeros 3), el bebé comparte en gran medida el aura de la madre. Vive dentro de su campo energético, que le proporciona protección, nutrición vital y “clima emocional”. 

El corte prematuro del cordón o separación prolongada puede crear “agujeros” en el aura del bebé según señalan la mayoría de los clarividentes. 

Características principales del aura del recién nacido
  • Muy pura y radiante: El aura de un bebé es “limpia” y brillante en comparación con la de un adulto. Presenta pocos colores turbios o “manchas” de emociones negativas acumuladas (ira, miedo, egoísmo). Se percibe como un resplandor suave y etéreo que transmite inocencia y conexión divina.
  • Color predominante: Azul brillante o azul claro rodeando el cuerpo. Este color se asocia a la paz, la pureza, la protección y la conexión espiritual/emocional. En los primeros meses suele ser el color principal.
  • Tamaño y extensión:
    • El cuerpo etérico  es más pequeño y está en plena construcción. En recién nacidos, los centros energéticos (chakras etéricos) son pequeños discos con débil resplandor.
    • El aura visible suele extenderse unos 7-10 cm (3 pulgadas) aproximadamente en los primeros meses.
El cuerpo etérico del recién nacido está muy activo en la formación del cuerpo físico. Gran parte de su energía vital se dedica al crecimiento rápido, órganos y sistema nervioso.

Suele ser un campo permeable  que refleja fuertemente las energías del entorno familiar (especialmente emociones de la madre).

El cuerpo astral (emocional) está presente pero poco individualizado; el bebé “absorbe” emociones del entorno con facilidad.

De ahí que hasta los 7 años el niño viva en un estado de imitación e inconsciencia relativa, pues su aura se va individualizando gradualmente. En estos años el niño vive en un estado de “imitación” e inconsciencia relativa; su aura es más permeable y compartida con el entorno familiar.

7 años: liberación del cuerpo etéricoEl cuerpo etérico, que es la capa energética más cercana al físico. Actúa como matriz o “plantilla” que vitaliza el cuerpo denso, distribuye prana (energía vital) y sostiene los procesos de crecimiento, asimilación y salud en los primeros años. 
Alrededor de los 7 años (coincidiendo con la segunda dentición o cambio de dientes) se produce el “nacimiento” o liberación del cuerpo etérico. Parte de las fuerzas que antes estaban absorbidas en el crecimiento físico se liberan. Esto permite que el etérico comience a actuar más independientemente: forma hábitos, memoria, temperamento y fuerzas imaginativas. 
El aura empieza a conformarse de manera más individual y estable, reflejando menos el entorno parental y más las propias experiencias del niño.
A partir de esa edad el niño se abre más al mundo exterior. La educación debe nutrir la imaginación y el sentimiento (no solo intelecto prematuro) para que el etérico se desarrolle sanamente.El aura del niño se vuelve más visible o “formada” porque el etérico ya no está totalmente inmerso en lo físico y comienza a irradiar con mayor autonomía.
Desarrollo del cuerpo emocional (astral)El cuerpo astral o emocional es la siguiente capa, donde residen deseos, emociones, pasiones y el mundo de los sentimientos. Es más volátil y colorea fuertemente el aura (colores que cambian según el estado anímico).
Su desarrollo principal ocurre en el segundo septenio (7-14 años), cuando el etérico ya liberado da base para que el emocional se despliegue con más fuerza. 
A los 7 años comienza la transición: el niño pasa de un predominio de la imitación (físico-etérico) a un mundo más emocional, imaginativo y social. Es a partir de esta edad donde se conforma la personalidad, la cual se nutre, en parte, por todo lo asimilado desde el nacimiento hasta los 7 años.
El segundo septenio dará vida, a partir de los 14 años, a la liberación del cuerpo emocional. Es la etapa de consolidación de la personalidad (hasta los 21 años), que incluye lo que conocemos como crisis de la adolescencia. 
La última etapa de formación del aura se desarrolla entre los 21 a 28 años. Aquí toma fuerza al cuerpo mental, la capa del aura que determina las características de nuestra personalidad (o ego). 


Fuentes consultadas  
rsarchive.org

 

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