La bendición de los padres: su significado


La bendición de los padres a los hijos invoca la energía superior para que descienda, ayudando a transmutar karma familiar, "materializar la herencia del cielo en la tierra" y reconectarse con Dios.


Pedir la bendición a los padres es una costumbre muy extendida. En la familia, la bendición se pide (o pedía), principalmente a los mayores y personas de respeto: padres, abuelos, tíos, padrinos, al sacerdote o autoridad eclesiástica. Se pide al salir y al llegar a la casa, al partir o al regresar de un viaje e incluso al levantarse y al acostarse.

Sin embargo, pocos entienden el significado de esta práctica, que para muchos cae en desuso cuando los hijos se hacen mayores. 

La significación de este acto siempre se ha asociado a una práctica cristiana, ligada al valor del amor filial, mediante el cual los padres invocan la protección de Dios para sus hijos. 

Desde la perspectiva energético-espiritual ciertamente es una invocación de los padres para que las energías superiores desciendan hacia el hijo, sustentada en el vínculo aurico que naturalmente une a los seres por poseer el mismo ADN físico y/o espiritual.

Pero existen otras implicaciones en el acto de pedir la bendición, que van desde el reconocimiento de la honra que merecen hasta sus incidencias en la prosperidad, la abundancia y el merecimento que podemos alcanzar en todas las áreas de vida: familia, profesión, parejas, hijos, economía e incluso en la conexión espiritual.

Honrar a los padres: primer paso

"Nosotros venimos a la vida a través de mamá. Hemos sido gestados en su vientre, viviendo allí en total abundancia, pues hemos tenido lo que necesitamos en el momento en que lo requeríamos", dice Saúl Pérez, experto en transgeneracional.

Desde ese enfoque   -que estudia la relaciones que se establecen en nuestro árbol familiar- mamá se encarga de la parte afectiva y de preparar y dar el alimento. Se trata de una función  arquetípica, es decir, está en nuestro inconsciente colectivo. 


Sentirnos agradecidos incondicionalmente con mamá e integrar la figura de nuestra madre nos dará como fruto una sana autoestima y una vida abundante.

 El padre es el cazador (arquetípicamente), y es quien sale y trae el alimento. Es el proveedor y se encarga además de la protección del hogar, por lo que está asociado también a la fuerza y al exterior.

Sentirnos agradecidos incondicionalmente con papá e integrar su figura de padre, nos impulsará hacia la prosperidad y el reconocimiento social y profesional.



De esta forma mamá tiene una gran influencia en nuestra autoestima, así como papá en nuestra capacidad de sentirnos reconocidos. De lo anterior se desprende la importancia de un buen vínculo emocional con nuestros padres, que en caso de no existir requiere iniciar un trabajo de sanación del niño interior. 

Sin embargo, la sanación no pasa solo por llevarse bien con ellos y quererlos. Se trata de honrarlos. 

De acuerdo a los expertos en temas transgeneracionales, el primer paso para honrarlos es "asumir nuestro lugar de hijos con papá y mamá", lo cual significa respetarlos por el mero hecho de dar vida, independientemente de cómo sea nuestra relación con ellos -aún si es muy kármica- o cómo juzguemos la forma en que han desempeñado su rol.  

Honrar a los padres es ver su grandeza, a pesar de sus defectos y sus errores, y dejar que el corazón se llene de gratitud…


El rol de la bendición: transmitir herencia


Desde una enfoque más esotérico, ciertamente el honrar al padre y a la madre tiene que ver con nuestra capacidad de materializar en el plano físico, aunque las incidencias van más allá de lo psicológico-energético. 

El hecho de materializar prosperidad y abundancia se vincula no sólo con nuestro propio proceso espiritual particular, sino con  la herencia físico-espiritual que nos dejan nuestros progenitores, potenciando o debilitando la capacidad de "quemar el karma familiar que nos toca".   

¿Cómo se explica esto? En todas las lecturas bíblicas notamos que cada vez que se menciona a alguien, de inmediato se señala a su progenitor. Leemos por ejemplo Jacob, hijo de Abraham; Jesús, hijo de José. 

Esta tradición no ha caído en desuso, tal como podríamos creer, pues sigue viva a través de los apellidos que heredamos. Si investigamos su historia y sus significados, vemos que casi siempre el origen nos remite al padre. Así, el apellido González, por tomar un caso, deriva de Gonzalo y significa hijo de Gonzalo. Lo mismo encontraremos en casi todos los apellidos.

Es así como en nuestros apellidos ya está inscrita la herencia físico-espiritual que nos transmiten nuestros progenitores, especialmente el padre, de quien se toma por lo general el apellido principal. 

No se trata nada más del ADN, que determina gran parte de las características del vehículo físico, sino también el apellido guarda el registro de la misión de la familia del padre en este plano, además de movilizar energía en todos los espacio-tiempo vinculados a ese nombre (karma). 

Llegados a este punto es importante destacar que la idea de este conocimiento no es quejarse ni renegar de aquello que esté implicado kármicamente en el apellido que heredamos, sino hacerse consciente. Demás está decir que el rol kármico que pueda tocarnos en la familia deriva de la ley de causa y efecto, y por tanto es parte de nuestra responsabilidad. 

La queja tampoco sirve, porque es justamente nuestro padre quien nos ayuda a transmutar lo que nos corresponde de ese karma familiar, es decir, que a través de él viene la carga y viene el alivio. ¿Cómo? Gracias a la bendición. 


¿Qué hace la bendición? Cada vez que nuestro padre nos da su bendición invoca a lo superior para ayudar a transmutar la parte del karma familiar que nos corresponde, a través del desarrollo de un proyecto o la realización de nuestra misión. Eso explica porque antiguamente se acostumbraba a pedir la bendición al padre para iniciar cualquier proyecto o plan de vida.  

Cuando un padre bendice a su hijo se activan energías ligadas a la creación, donde la capacidad de materializar del progenitor (entiéndase este como el padre biológico a la vez que como el Padre Dios) no desaparece con la muerte, sino que pasa a su descendencia

Volviendo a los casos de la Biblia,  entendemos la razón por la que cada vez que en el Antiguo Testamento se habla de Dios, se le menciona nombrando a los antepasados:

Dios le dijo a Jacob: “Yo soy Adonai, Dios de Abraham tu padre y el Dios de Isaac. La tierra sobre la que tu estás acostado, a ti te la habré de dar y a tu descendencia. Y será tu descendencia cual polvo de la tierra e irrumpirás hacia el occidente y el oriente y hacia el norte y el sur. Y serán bendecidas por ti todas las familias de la tierra y por tu descendencia”. (Génesis 28:10-14).


El papel del primogénito

El hecho de que los textos bíblicos siempre hagan referencia al progenitor, trasciende el entendimiento literal del texto, y tiene que ver con una "esencia don" que en las tradiciones antiguas se llama Legitimidad Sucesoria. 

"Es una esencia-don que todos tenemos en algún lado de nuestro Árbol de la Vida de este espacio tiempo, más o menos oculta.


Esta esencia don tiene una influencia significativa en la fortuna, porque de ella depende que nuestra herencia energética se haga visible en la Tierra, permitiéndonos resolver lo que nos toca del karma de familia", dice Brinda Mair en canalizandoluz.com.

Agrega que la Legitimidad Sucesoria está en el Antiguo Testamento, cuando los primogénitos piden al padre, en sus últimos días, la bendición para su vida, su misión.  Para obtenerla, debe honrarlo y luego pedir su bendición. 

"Esto se hace antes de que el padre parta de este plano o bien en el momento en que el hijo/a emprende el camino hacia su misión. Así  recibe la sucesión de la energía en que Dios descendió a la Tierra a través de sus padres...

En el Antiguo Testamento los patriarcas de la Biblia engendraban hijos legítimos e ilegítimos y estos últimos eran siempre los primeros. Así sucedió con Abraham y Jacob.

Lo que les ocurría a los patriarcas era un proceso interno activo en cada uno de nosotros porque figura inscrito en el Génesis, donde se escribieron los parámetros de la Creación.

En consecuencia, toda primera creación en este mundo, es ilegítima a los ojos de Dios porque tiene en sí misma la energía del error y carga con el karma de su cocreador terrenal. En consecuencia, los hijos primogénitos cargan sobre ellos el karma de la Tierra, es decir, toman el karma más pesado de sus padres. 

Es por eso que en compensación, recibían la herencia de la Tierra, mientras que los hijos menores, “desheredados en tercera dimensión”, recibían la Gracia y la herencia del Cielo porque Dios los bendecía.

Esta es una de las razones por las cuales, en la distorsión de la energía que comúnmente se hace en este plano físico, los hijos segundos en la Edad Media eran forzados a tomar los hábitos, a fin de reforzar esa alianza con Dios.

La bendición del padre al hijo, trae consigo la promesa de tierras, descendencia y renombre, lo cual contiene implícito el amor, la paz y el crecimiento humano. En síntesis: merecimiento, abundancia, reconocimiento.  Es así como la herencia de lo invisible se transmite en la bendición del primogénito.

De esta forma, tal como también se señala en los estudios transgeneracionales,  quien tenga problemas con su merecimiento, su abundancia y el reconocimiento de los otros, posiblemente tiene bloqueos en la relación con su padre. Consecuentemente, hay bloqueo en el don de Legitimidad Sucesoria.

Por otro lado, mientras la bendición del padre es única para el primogénito, la bendición de la madre va hacia todos sus hijos y atrae -de acuerdo a Mair-  "la guía de María, la energía de la Diosa y de la madre tierra, restableciendo el poder femenino del Religare (volver a unirse a Dios) y del Arte de la Vida. Es decir, restablece la comunicación espiritual con el Padre" (Dios, la Fuente, el Creador)".

Actuar antes de que los padres partan del plano físico, ¿y si no?

Con todo lo explicado, es clara la importancia de sanar la relación con los padres, de honrarlos y ser bendecido por ellos, no por simple tradición, sino debido a lo que implica para el proceso evolutivo, tanto de los padres como del hijo.

Lo ideal es sanar antes de que los padres partan de este plano, o -como mínimo- honrarlos y  pedir su bendición antes de su muerte. Pero ¿qué se puede hacer si han partido antes? La recomendación es iniciar igualmente el trabajo de sanación y hacer ejercicios de perdón, si es el caso. Si no,  simplemente seguir honrándolos y pidiendo su bendición de alguna manera. 


En mi caso particular, dada la reciente muerte de mi padre, he podido honrarlo y pedir su bendición en los primeros momentos de su cambio de plano. 

El resultado ha sido una experiencia de gran crecimiento, que nos ha permitido a ambos tener una visión distinta de la muerte, teniendo certeza de cómo las relaciones permanecen aun cuando las almas se encuentren en planos distintos de existencia.

A partir de esta experiencia, puedo mencionar ciertas particularidades -producto de algunas lecturas y mensajes dados por mis guías- a tomar en cuenta para establecer vínculos de este tipo: una vez que el alma ha desencarnado los contratos almicos no desaparecen, pero se desintegran con cada cuerpo, algo así como si se estallaran en pedazos. 

Esto no ocurre de inmediato, sino de forma paulatina a medida que los cuerpos se van desintegrando. Comienza con el cuerpo físico, el primero en desintegrarse (convertirse en polvo), y continúa con los siguientes: etérico, astral y mental. Esto puede tomar años. 

Mientras el primero y más denso de los cuerpos se desintegra, es adecuado realizar los ejercicios de perdón, sanación de la relación, o tan sólo honrar y pedir bendiciones al padre fallecido, todo acompañado de  oraciones para que su alma vaya a la luz y de decretos o visualizaciones para transmutar energías densas. 



Esto se hace durante el período de 90 días inmediatos al fallecimiento, lapso en el cual el alma pasa por una transición desde el plano físico (del cual no termina de despegarse), y es capaz de darse cuenta de aquello que debió hacer y no hizo. 

Es posible establecer contacto con esa alma a través de la comunicación subjetiva (meditación), siempre invocando ángeles y pidiendo protección, a fin de solucionar contratos de alma pendientes entre padres e hijos. 

Cabe aclarar que debe evitarse acudir a mediums o practicantes del bajo astral para forzar ese contacto, por el peligro de que los miedos, dolor y apegos, al no ser transmutados, hagan que el desencarnado quede atrapado en ese espacio-tiempo, sin poder ascender.   

Si ha pasado mucho tiempo de la muerte física, se pueden realizar igualmente los ejercicios, aunque al haberse desintegrado todos los cuerpos o gran parte de ellos, la energía de los contratos álmicos estará tan atomizada que se hará difícil transmutarla y ascenderla por completo. Quedarán temas pendientes, tanto para el que partió de plano como para el encarnado. No obstante, se habrá dado algún paso, un pequeño avance. Valdrá la pena el esfuerzo.



Escrito por Glenda González 


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Fuentes consultadas: 
canalizandoluz.com / saulperez.com 
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