¿Todas las enfermedades tienen causa emocional?


Alguien me señalaba hace poco que le habían dicho que su problema, en este caso una enfermedad infecciosa que padeció meses atrás, tenía que ver con la sensación de incertidumbre general en la que están inmersos muchos en el país.  A raíz de este comentario (que ella no había corroborado) su deducción lógica es que como la incertidumbre sería una de las causas principales de su
enfermedad, tenía que hacerse tratamiento para la incertidumbre. También concluyó que  las infecciones que padecen una gran parte de personas que viven en este país, son generadas por la misma causa emocional. 


La idea no es descabellada, y al respecto, muchos libros y materiales del campo de la autoayuda, la bioenergética y la espiritualidad han hecho importantes aportes que avalan y demuestran cómo las emociones y los pensamientos que sostenemos constantemente -conscientes o inconscientes- generan muchas de nuestras dolencias físicas.

Los trabajos de Louise Hay y Bárbara Brennan sobre este tema son pioneros y han servido de base para numerosos nuevos aportes que relacionan la espiritualidad, la energía, los pensamientos, las emociones y los procesos físicos del cuerpo humano, ayudando a entender cómo se genera la enfermedad desde los cuerpos y planos sutiles hasta su manifestación en el cuerpo y plano material.

A partir de lo anterior, se asume que debemos tratar toda enfermedad desde una perspectiva integral, donde cabe lo espiritual y energético, combinado con la parte física. 

Sin embargo, he notado que la propuesta de analizar y tener en cuenta la relación entre las emociones y las enfermedades se ha simplificado, y en la mayoría de la gente se ha instaurado la creencia de que toda enfermedad siempre tiene causa emocional y hay que tratarla en ese nivel. No obstante, en mi práctica terapéutica he hallado algunas variables que me parecen válidas para una revisión acerca de esta creencia.

La desarmonía empieza en cualquier nivel 
Si consideramos que todo es energía, tal como señala las leyes universales, es obvio que la enfermedad es consecuencia de una desarmonía energética, aunque no necesariamente la causa es emocional o psíquica, aunque este componente siempre estará presente, como veremos más adelante. 

Si a ello agregamos que por Ley de Manifestación todo aquello en lo que nos concentramos -incluyendo emociones y pensamientos- termina manifestándose en la realidad física, entonces sí, ciertamente las emociones y pensamientos discordantes pueden generar enfermedades físicas.

Ahora bien, es conocido que toda vez que una desarmonía se ha generado en el campo energético es detectable en el aura, desde donde avanza hacia una materialización en el cuerpo físico.  El detalle -según he podido notar- es que su manifestación depende de una serie de variables que no siempre se relacionan con lo emocional. 

Vale aclarar que lo que denomino  desarmonía energética es una disfunción o bloqueo que puede hallarse en planos sutiles (cuerpo causal principalmente), pasando por el mental y emocional, llegando hasta el cuerpo etérico y el físico. 

En el cuerpo causal es donde existen registros de nuestras existencias pasadas. En ese caso una enfermedad generada por una disfunción en este nivel, tiene raíces en una vida pasada o puede ser resultado de una elección del alma, y por ello se manifiesta actualmente. Hablamos de la Ley de causa y efecto (mal entendida como  karma) y la Ley de libre albedrío. 

Es el caso de muchas enfermedades congénitas y hereditarias. Para muchos es difícil asumir esto, pues lo perciben como una especie de "castigo de Dios", sobre todo cuando los afectados son niños. En primer lugar, es necesario dejar de lado la creencia en un inmerecido castigo divino, para verlo como una consecuencia que generamos nosotros mismos a través de una acción pasada, por lo que no hay "castigo", sino reajuste (en el mejor sentido de la palabra), aunque esto sería tema de otro artículo.  Además, muchas enfermedades son elecciones del alma para un aprendizaje de vida, de ahí el componente espiritual de toda enfermedad.

La sanación, en estos casos, no está negada aunque depende de la lección que el alma  debe asimilar. Por ello su tratamiento, además de atender el físico, debe priorizar la reconexión con lo espiritual, a fin de trabajar en la toma de consciencia y crecimiento personal.

Por su parte, las disfunciones a nivel del cuerpo mental y emocional son la causa de los malestares en esos niveles, y puede quedarse solo en síntomas psíquicos, aunque si son sostenidas por largo tiempo, tarde o temprano terminan por somatizarse en el etérico-físico. En estos casos, tratar las emociones y los pensamientos con las técnicas adecuadas (esencias florales, psicoterapia, visualizaciones, afirmaciones, meditaciones, respiración, etc.) sí va a la raíz del asunto, combinada con el tratamiento físico, en caso de ser requerido.


Pero hay disfunciones ubicadas primariamente en los cuerpos etérico (vitalidad) y el cuerpo físico. Se trata de muchas de las generadas por factores ambientales, por hábitos alimenticios y estilo de vida: cambios climáticos, geopatías, virus, bacterias, mala alimentación, posturas y movimientos inadecuados y repetitivos, estrés y adicciones, entre otras. Consideremos además el factor biológico: según la ley del ritmo y la ley de transformación de la materia, lo natural es envejecer y morir. 

En muchas enfermedades hay fuertes componentes emocionales y mentales, pero en muchas de ellas no. También en muchas -tanto físicas, etéricas como emocionales/mentales- hay algunos componentes "kármicos" (ley de causa y efecto de la se habló antes) que predisponen al padecimiento. Las combinaciones son múltiples.


Ubicar la causa: clave para el tratamiento
La interacción constante entre los cuerpos sutiles y el etérico-físico hace que la disfunción en uno de los niveles afecte a los demás. Así, por ejemplo, una disfunción emocional afecta al cuerpo físico enfermándolo; una disfunción física afecta a lo emocional y mental, y así sucesivamente se van afectando todos los planos. 

En general, el desequilibrio en una parte termina desequilibrando a todo el sistema y por eso se hace a veces muy difícil determinar el origen de una enfermedad. 

También, el grado en que se ve afectado alguno de los cuerpos del sistema puede obligar a iniciar un tratamiento en ese plano. En ese caso, si el más perjudicado es el físico, necesariamente deberá ser tratado con terapias que busquen su reequilibrio,  aún cuando la causa esté en lo emocional o en otro nivel, donde también habrá que intervenir.

Las observaciones anteriores son producto de mis  prácticas terapéuticas, principalmente del uso de la kinesiología y la radiestesia, las cuales me han permitido observar que una misma enfermedad (definida según diagnóstico alopático) tiene causales distintos en cada persona.

De esta forma, un dolor, una gripe, una inflamación, una hipertensión, pueden ser causadas por un bloqueo en cualquier parte del sistema energético, incluyendo el mismo cuerpo físico. Volviendo a la anécdota inicial, donde la persona relaciona su infección con incertidumbre, un chequeo kinesiológico podría confirmar que la causa principal  es emocional, o puede aclarar que -por el contrario- la causa se halla en una disfunción a nivel estructural (partes y órganos del cuerpo físico); bioquímica (funcional); o energética (cuerpos sutiles, meridianos de acupuntura, chakras, geopatías).  

Mientras una persona puede haber desarrollado su infección por una desarmonía a nivel físico, otra pudo desarrollarla por un factor genético que le predispuso a adquirirla; otra por un factor ambiental, como un virus; otra por un desequilibrio emocional que avanzó hasta debilitar su sistema inmunológico; y otra por un factor energético, como el bloqueo de un meridiano.

El componente psíquico está presente en mayor o menor medida, según el grado de avance de la enfermedad, y sobre todo cuando se afecta todo el sistema; o bien cuando lo emocional-mental es el origen del problema. El tratamiento inicial depende del sistema más afectado y que presenta síntomas más graves, independientemente de que ahí esté o no la causa, la cual será atendida, después o en forma paralela, con tratamiento etiológico.



Si bien es clave ubicar la causa principal y el plano más afectado, la concepción integral es fundamental, por lo cual no debe dejarse de lado ningún elemento del sistema: energético, mental, emocional y físico, tal como plantean las propuestas de sanación holística, autoayuda y autocrecimiento. Esto es concluyente. 

Dos ideas son fundamentales en este planteamiento. Por un lado, en todos los casos el componente psíquico es parte del tratamiento, pues el manejo adecuado de las emociones y pensamientos respecto a la enfermedad contribuyen enormemente a la sanación. Por otra parte, recordemos que, como toda experiencia, las enfermedades o desequilibrios energéticos siempre encierran una enseñanza espiritual, y como tales son una oportunidad para el crecimiento, sea cual sea su causa. 



Escrito por Glenda González

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